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viernes, noviembre 28, 2008

Sensatez evolutiva

Anoche mientras me empinaba quizá -porque jamás las cuento - la décima cerveza y mientras veía a tanto primate estúpido alrededor mío, me puse a pensar que yo también soy medio mercenario de mi propia existencia.

La causa directa es que la mayoría de las cosas que hago, las hago soñando. Aquí quiero hacer notar al lector que no se debe malentender esto de ser soñador que siempre ando buscando cómo hacer realidad mis sueños, la cosa es que nomás uno avanza a como las circunstancias lo dejan.

Claro, luego sueño cosas bien grandes, grandiosas, y grandotas; de las dos, pues.

A veces soñar mucho provoca sensaciones raras al voltear hacia atrás y sentir que no se ha concretado nada; personalmente llevo un buen record de sueños cumplidos.

Nomás que no paro de soñar.

Por otro lado estaba pensando que, conociendome como soy, si la primera civilización, el primer grupo de humanos fuera digamos... un grupo de yos (o sea de mi, pero muchos, igualitos, hombres y mujeres) lo que pasaría es que ahí hubiera quedado este asunto de la evolución del hombre.

No hubieramos llegado a la quinta generación, tal vez sexta. Se hubieran acabado las frutas, y los bichos, los rayos en las tormentas seguramente acabado con más de dos; otros cuantos ahogados con los arroyos o inundaciones, la mayoría muertos de no aprender que una gripe es de quedarse en la cueva alejado del frío, muertos en el fondo de precipicios, barrancos y cualquier variedad de zanjas, nomás por ir volteando para otro lado.

Y si, digamos que hayamos sobrevivido a esos años de oscuridad cognitiva - en la pendeja, pues- al final de los tiempos de mi civilización la única aportación al resto de la humanidad, habría sido la pedrada.


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