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jueves, noviembre 06, 2008

Retrete

El retrete de a oficina tiene un detalle, ni la tapadera ni el asiento se pueden sostener arriba, sin embargo tampoco se caen inmediatamente.

El estress, la prisa, el descuido o simple y llana pendejez siempre evitan que tome medidas al respecto, de tal suerte que, al momento de soltar el chorro del alivio, se vienen abajo de golpe, como impulsadas por una fuerza más fuerte que la gravedad.

En fin, he tenido episodios simpáticos que rayan en lo cómico.

1.- Dejar todo orinado, asiento, tapadera y un repasón en el despósito de agua por no cortar el chorro a tiempo.
2.- Siendo su servidor diestro, y siendo el baño algo pequeño, atrapar las madrolas esas con la mano izquierda a tiempo antes de interceptar el chorro en el ángulo en el que me encuentro parado, resulta en una posición extraña que a derivado en evitar mojar de nuevo los aditamentos antes descritos, no teniendo éxito por el contrario, en evitar mojarme la mano o la manga de la camisa.

* La primera vez que me ocurrió no conseguí  ni cortar ni cachar nada, ese quizá no fue simpático. Supongo parte de no cortar a tiempo el chorro es porque para cuando voy ya llevo mas de tres tazas de café y una coca cola zero, además del hecho que no lo hago sino hasta que las ganas de orinar son casi incontenibles, de ahi que cuando comienzo cierro los ojos en un catártico instante de alivio.


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