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martes, mayo 06, 2008

Sin título, sin final, siempre.

Me siento como en el video de scar tissue de Red Hot Chilli Peppers, o como coprotagonista semi-importante en una película de carretera, con gasolineras abandonadas, chamisos, roadkills, diners y moteles repletos de historias de fantasmas, todo en un desierto, sobre tierra seca y nubes dispersas.

Luego veo por el retrovisor, miro tu boca, veo que sonríes y bajo mi cabeza para alcanzar tus ojos, me mirabas que te miraba y sonrío. El pacífico ya se acerca y el viento seco se transforma cadenciosamente en brisa, humedad y frío con olor a surf y espuma, olas grandes que arrullan a toda hora, hipnotizan, traban la vista en sus crestas de aerosol.

Escojo música, hoy ando atinado, voy sobrado con la puntería melódica, música para irnos, para ir, para llegar y, música para regresar, la que siempre tiene un tinte triste.

En lontananza vemos por fin el pacífico y las minúsculas rayas blancas de la orilla, hace frío y desde atrás me abrazas junto con el respaldo del asiento y siento tu sonrisa sin verla, tu piel tiene esa energía, esa gracia del contacto que te leo como braille lee un ciego.

Es la última recta hacía la playa, hace frío y todo contrasta con el alto sol, las nubes y la neblina de la mañana que aun no se disipa de los rincones del pueblo. Adoro el Oceano Pacífico, te lo digo y haces la celosa, - "el" mar es mujer, ¿sabías? - me dices mientras me sacas el aire con un abrazo de oso.

- Nunca preferiría a la mar sobre tí.
- ¿Jamás?
- Ni a la lluvia.
- ¿Tanto así me quieres?
- Así de tanto te quiero.

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