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jueves, diciembre 27, 2007

The Big Picture

Acabo de recibir, de un entrañable amigo, un mensaje que me dice que la ciudad no es la misma sin mi, sentí como si un elefante me pisara el pecho, pero yo me siento sin ciudad, y esta ciudad en la que estoy ahora, es la misma, conmigo o sin mí.

Aún en vuelo, noto algunos edificios nuevos que se materializaron en tan sólo nueve meses, cada vez que regreso después de un largo período de tiempo encuentro cosas nuevas en la ciudad, esto ha ocurrido tantas veces que estoy comenzando a sentirme algo así como un héroe; haré los trámites, gestiones y publicidad necesaria para que, con los impuestos de los conciudadanos, se me paguen viajes - al lugar que yo escoja a cambio de tan gran beneficio - periódicos con todo pagado de tal forma de mantener el desarrollo de esta ciudad firme y continuo.

Estoy sentado en el café de siempre, el que hizo las veces de oficina cuando freelanceaba, ordené mi café, sabroso, las dos chicas que atienden son muy bonitas y amables, me sirven con una sonrisa y un cuerpo muy sano. Pero no hay internet, eso opaca cualquier estado de ánimo por festivo que venga.

Hago una pausa entre mis mentadas mentales de madre - por no tener internet - y los sorbos de café para ver entrar a una familia peculiar.

Entra una señora como de la edad de mi mamá, pero mucho menos guapa aunque de semblante simpática, detrás, su hija, igualita pero como salida de la planchaduría, la hija tiene toda la cara de que recién embarneció - no que se parece al dinosaurio joto, sino que se dió el estirón - ha de tener como quince años pero con tal de creerse más grande se colgó cuanto colguije, bufanda, puso sombrero, pintó unos jeans y rellenó con sábanas el sostén.

Detrás del primer par de familiares, viene la niña más pequeña, de unos 7 años, en pants y el mismo sombrero, seguramente recién acaba de notar a su hermana y ahora quiere parecerse a ella acelerando el proceso de todas las maneras posibles.

Al final, el papá, con barba de culturoso, lentes, y una cangurera a la cintura que por lo que alcanzo a ver, la usa en lugar de cinturón, trae dos celulares a la cintura, agarrados del cinturón sustituto, me da aires al armoniquista de El Tri, me río y una de las chicas que atienden me cacha e intuye - sin mucho esfuerzo - de qué me estoy riendo.

Divago y reincorporo mis neuronas para dar cuenta de mi estado actual, que regresé a lo mismo para cambiar, a veces un paso atrás no es tal.

Prefiero interpretar este paso atrás como el que da el pintor ante su obra.

A veces para apreciar la "Big Picture" es menester no estar en ella.


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