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lunes, octubre 29, 2007

Vecinos, Parte 1

Este departamento esta dentro de un edificio con patio central, muy común en esta gran manzana con muchos gusanos. Di los primeros pasos al interior y esperaba que Don Ramón me pidiera prestado o que, al subir las escaleras, Jaimito el Cartero me pidiera chancita para pasar con su bicicleta; en cambio pasó una señora robusta con pelos de mecate y oriunda de la vecindad cerca de mi pisándome el pie izquierdo y diciendo - ayy, perdón.

Aquí tengo algunos vecinos curiosos, el hijo del portero es un gordito sobrecrecido que me cuenta mi roomate según ha salido en varias telenovelas de Televisa, hace dos semanas estuvo jodiendo que le prestaramos una computadora para hacer disque tareas, no traía ningun papel ni cuaderno ni libro, ah qué niños que han descubierto el porno por internet, le regalamos una PC de escritorio que nomás estaba acumulando polvo (como todo en el depa), se fue contento, no ha regresado.

En el piso de arriba, tenemos a un personaje muy curioso y por demás extraño. La primera vez que lo vi estaba sentado, solo, en las escaleras por las que tengo que subir a mi depa, tomaba café del Oxxo con cara de "aquí lo dejé y no lo encuentro", me acerco para subir, le miro a los ojos, me mira, le doy los buenos días, me miró y volteó la mirada sin decir nada; en ese momento ese sujeto firmó el acuerdo tácito de "me cagas la madre", luego me enteré que ya lo había firmado con mis compañeros del depa y con los vecinos de la pieza de al lado.

Los vecinos inmediatos, los que habitan el departamento que colinda con el nuestro, son una pareja (hombre y mujer, ya hay que aclarar) como de mi edad, poco más poco menos, y son muy buen pedo, aun no puedo descifrar a qué se dedica cada uno, ha de ser porque no me interesa. Lo curioso, que viene a sumarse a esta indescrifrabilidad es que uno los puede escuchar cogiendo en horas totalmente aleatorias, lo que hace pensar que no tienen horarios fijos de trabajo, ni siquiera de estudio; sepa.

Se pueden escuchar cuando cogen no porque uno esté con la "oreja parada" esperando morbósamente el momento, sino porque su recámara y una de las recámara de nuestro depa son separadas por una pared poquito más gruesa que una sincronizada, la chica además grita tanto que no puedo evitar imaginarla cada vez con un casco vikingo. La penúltima vez que los escuché fue en un intento fallido de disfrutar una siesta, la circunstancia era escucharlos inevitablemente; la tortuta fue recompensada cuando después de unos tres guturalísimos alaridos de placer escuché un ~TUCK~ resonante contra la pared y un consecuente - AY!-

Ya no los hemos escuchado, seguramente tomaron medidas como aplicar cambio de orientación (no sexual) o de plano, a la sala.

Del vecino de arriba, que los fines de semana TENÍA como antojo poner música ochentera a todo volumen luego platicaré; del gordito no hay nada más que decir sólo que pensé que traía guantes por el frío, eran pelos en las manos.


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