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martes, julio 03, 2007

Carbohilarantes

El día de ayer decidí regresar a comer pocos carbohidratos, ¿por qué?, bueno, asumiendo que les interesa (sólo asumiéndolo, no asegurándolo, aclaro), la respuesta es porque soy rehuevón, y comer tanta pinche tortilla y tortas eventualmente me inflará como cerdo.

Los carbohidratos son la primera fuente de energía de nuestro organismo y están, por decirlo de una manera, diseñados para ser quemados durante nuestras actividades cotidianas de ejericio y tareas habituales; los que trabajamos en oficinas, y aparte somo huevones como para no salir a hacer ejericio, los carbos (en lo sucesivo se llamarán así porque tengo hueva de escribir "carbohidratos".... chale) no se queman, y se van acumulando y nuestro cuerpo los convierte en la puta manteca que después hace que los pantalones nos presionen la lonja y parezcamos muffin del starbucks.

Ahora, la cosa es fácil, nomás hay que dejar de tragar tanta puta harina y derivados, para que la reserva de carbos baje y el cuerpo automáticamente comience a quemar la segunda fuente de energía que es la grasa y listo, a bajar la lonja en chinga.

Nota importante: esto es recomendado para quienes no hacemos ejercicio, no nomás por huevones, sino por cualquier motivo.

Bueno, regresando al asunto que motiva este ya alargado post es que, en mi nuevo proyecto de bajarle de huevos a los carbos (irónicamente los huevos no tienen carbos), a la hora de la comida de hoy, fui al super que me queda cerca (si fuera al que me queda lejos fuera un idiota) a comprarme una Coca Cola Zero y algun guisado de pollo o carne.

Después de pagar encaja (perdón, es "en caja"), no resistí la necesidad de echarle un trago gordo a la coca pues el café de la oficina sabe a petróleo de quinqué; iba caminando un poco descuidado abriendo la botella, lo logré, me la empiné echándole dos tragotes recios y cosquilleantes de tan sabroso refresco; en ese momento en que cerré los ojos para saborear mejor seguí caminano y con el codo sentí que golpeé algo o alguien, cuando volví la mirada con los cachetes llenos de refresco vi a una señora con una raya de lapiz labial que cruzaba literalmente toda su cara en un zig-zag inexplicable, partía desde la comisura izquierda de sus labios a su mentón y luego en diagonal casi la sien derecha en un vivo (y muy a la moda) color rojo "nalga de mandril".

Pude haber pedido perdón en ese momento, pero todo ocurrió tan rápido y fue tan babósmente gracioso que al nanosegundo de ver ese rostro disfrazado de letrero de NO ESTACIONARSE el refresco en mi boca reclamó libertad y tuve a bien bañarla con toda la coca cola de mi boca al momento en que se me escapó una carcajada reprimida y un perdón mudo que no pude repetir porque la payasa esa me mentó la madre y se fue.

El Policía de la entrada se cagaba de risa.

Perdí media coca cola zero y recibí una mentada de madre, pero la imagen mental y la risa que quemó carbohidratos bien valieron la pena.


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