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lunes, junio 11, 2007

Salvación ad-hoc

Hoy el microbusero venía manejando con furia y precisión suiza por las avenidas capitalinas, era tal su fiereza al volante que los peatones y demás coches necesitaban agilidad ninja para evadir el gran vehículo de pasajeros.

Con "pipiiips" y "chingasatumadres" nuestro protagonista era más que una estrella de rock, mucho mucho más que el mero mero de El Tri de México, era el chico temido de la completa congregación de choferes de micro, era el diós grandísimo y milagroso de todo el pasaje dentro y del presunto viajero quedado en la esquina con la mano levantada.

Mucha gente cuenta ahora ya pasadas las horas, que salía espuma de su boca y sus ojos miraban a un punto más allá de cualquier parada, exhalando llamas; se oía el tronar de carbón de maderadentro de su cabeza, cuan fogata veraniega.

Y nada lo detenía, ni dos llantas totalmente planas ni las chispas de los rines sobre el asfalto, el concreto y los adoquines, nada, ni el rezar de 51 personas a bordo que se encomendaban a sus dioses, sus religiones, mientras recordaban el famoso filme norteamericano llamado "Speed".

La verdad es que nadie pudo salir, los que estamos aquí contando esto, es porque salimos volando en un vertiginoso giro;fuimos tres, una señora embarazada que parió en el aire justo antes de caer en una cama afuera de una mueblería; un oficial de tránsito que quedó encajado de los calzones en un "ALTO" oculto por las ramas de un árbol.

Y yo, ileso; gracias al sudor de la mano me solté del tubo de acero inolvidable en el momento preciso y necesario para que en mi vuelo lograra visualizar todo y abrazarme a una nena bien chula que pasaba en bicicleta cayéndole por detrás sin perturbar su equilibrio; de hecho le dí tanta velocidad extra que recibí de ella mil besitos de agradecimiento por quitarle el cansancio del pedaleo y me dió aventón al depa, donde estoy ahora, escribiendo esto, tomando una rica taza de café recién preparado.

Nadie sabe hasta el momento qué fue del microbusero, de su furia, del microbus, mucho menos de la pobre gente que no recibió la misericordia del endemoniado chofer, ni la gracia de mi imaginación.

A veces en mi mente, la única persona que encuentra salvación perfecta soy yo.

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