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martes, mayo 08, 2007

Heart Improvement

Desde que salí de la oficina recordé la última vez que te vi fuera de tu coche justo antes, segundos antes de ese único beso y única mirada azul en retirada.

Caminé unas cuantas cuadras, quizá menos que cuantas y sólo fue una, cuando comenzó a llover levemente pero con gotas grandes como las canicas que me gustaba usar cuando en primaria era el rival a vencer.

No he recibio mi primer corte de cabello en esta ciudad, por esa causa hoy traía mi sombrero estilo italiano que me ayudó a no sentir tanto la lluvia en mi cabeza, la chamarra de piel evitó el frío y mojarme de más, caminé, recordando.

Pasó un microbús e inconcientemente lo dejé pasar, seguí caminando esperando los primeros charcos, los primeros reflejos en el suelo evidencia legítima de mi ser, el reflejo de la luz en mi contorno existencial.

Es temprano, las seis y media de la tarde, pero las nubes altísimas a pesar de que brillan con luz de insospechada procedencia hacen que todo se vea más gris de lo normal; por aquí, y por allá, por todos lados de cada lado que he visto, los panoramas son grises, tanto que el hecho pasa al cajón de los "no me importa".

El señor del seven/eleven que me vendió los cigarrillos me dijo que esta tarde no era como cualquiera, no supe que pensar, han sido iguales todas desde que llegué aquí; al retomar el camino averigué sin querer lo que me quiso decir; a veces llueve como hoy, a veces hay viento como este que entra por las mangas y el cuello, que me obliga a sujetar mi sombrero a la cabeza con la mano y sentir escalofríos de nostalgia.

Me dijo - escuche nomás el viento jovenazo, parece normalito, pero no cualquier día, ya quiero que sea mañana... ande que le vaya bien, aquí en la esquina toma el micro si quiere -, no tomé nada.

Llegué al departamento, mientras me quitó el saco y me sacudo un poco el agua de encima escucho un golpeteo sordo dentro de mí, con suma sospecha sobre la fuente de tan peculiar sonido, camino hacia la cocina con ligeros y cómicos brincos, de mí salió de nuevo el golpeteo, como si una pelota rebotara discrétamente, como no queriendo.

Esta tarde llegué a mi departamento con el corazón suelto.

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