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domingo, abril 29, 2007

Marzo se me va entre la lluvia

Recuerdo cuando me dijiste que no lo hiciera. Este lugar se te hacía conocido y por eso me quisiste advertir que mejor me quedara sin que nada bueno resultara de ello, me molesté un poco por tu atrevimiento y un tanto más porque no quisieras venir conmigo, ni considerar como una posibilidad visitarme de vez en cuando, sólo para no dejarme olvidar como es tu rostro, tus ojos azules y esa forma tan graciosa que tienes de saltar sobre los charos de lluvia. Aquí llueve mucho sabes? al momento que te escribo estas líneas en la vieja máquina de escribir que me prestó el viejito del piso de arriba, llueve.

Ayer salí por primera vez a caminar al parque que está a unos cuantos minutos del departamento, casi no hay tiendas, y la gente está como triste a cualquier hora, como a cualquier hora los ves tomar un te color rosa que llena las calles, el viento de los árboles con aroma dulce, de funeral. Caminé por el parque dos veces y noté que los perros no corren y en vez de ladrar se acercan a tí para murmurar sus ladridos de coraje o simpatía.

Esta mañana la sobrina del portero me preguntó mi nombre, y me dijo que me había visto en la televisión, en alguna película en blanco y negro de las épocas de Humphrey Bogart, sonreí y le dije que yo no soy tan viejo, que tengo 33 años, la niña, al momento que lamía una paleta de cereza del tamaño de su cabeza abrió los ojos tan grandes como podía, su lúgubre solemnidad me asustó por un momento, me dijo: - aquí todos estamos viejos, pero nunca envejecemos -

No entiendo la vida aquí, esta es la segunda carta que te escribo, aún en marzo, aún desde este lugar que no puedo empezar a conocer, trabajar en casa me ayuda a no tener que salir a una oficina, pero la gente me mira en la calle como si un familiar mío acabara de morir, cada día siento que el que murió soy yo, llueve todo el tiempo, pero entre sueños he llegado a creer que se detiene mientras duermo, anoche abrí los ojos dos segundos, y juro que escuché a los niños de la vencindad jugar en el patio, eran las cuatro de la mañana y no llovía.

Me siento raro, marzo nomás no termina, y te escribo por tercera vez, me habías hablado de algo que harías, cuando abril llegara, yo aquí te platico cosas simples, de cómo entiendo lo que me decías, tus lágrimas de temor a qué tal vez me volviera loco, que la lluvia constante acabara con esa gracia que supongo yo te gusta mucho. te extraño, me voy a dormir ya no puedo escribir, después de las doce de la noche el rechinar de esta máquina de escribir se multiplica y escuchos "shhhhhhhhhhhh" a través de mis cuatro paredes. Te extraño.

Hoy te escribo a mano, el viejito que no me ha querido dar su nombre ha venido a recoger su máquina, dice que viene mucho trabajo, la ultima semana de cada mes hace las esquelas por adelantado, marzo siempre es mes pesado pero que como este año no se había visto uno desde tiempos en que era un niño, calculé 1910 o algo así, ya no puedo ni sospechar la edad de nadie, a la sobrina del potero no le he vuelto a ver en semanas pero antier al ir saliendo rumbo al parque sin querer vi al interior de la sala del portero y vi a una joven de unos 19 años leyendo un libro y lamiendo una paleta de cereza del tamaño de la mitad de su cabeza.

Anoche no pude dormir después de que el viejito que ahora se que se llama Jacobo me dijo que aquí la gente avisa su muerte con un mes de anticipación, precisando día y hora, me dió más miedo cuando me explicó que es una costumbre hecha ley en este pueblo, pues no se permite llorar por dos muertes en un mismo día, confunde las almas de los que se van, al no saber quién llora por quién. No quiero ni repetir, ni por escrito, lo que me respondió Jacobo cuando le pregunté lo qué pasaba si la persona no puede morir el día que avisó, aun no regresa toda la sangre a mi cabeza de oir lo que esa voz temblorosa y débil me hizo saber; me preguntó antes de desaparecer en el pasillo, si tanta curiosidad era para reservar algún día próximo.

Te extraño y ahora también tengo miedo.

Hoy no ha llovido, desperté a las 12 del día, todo el pueblo está en un funeral, hace unos días en una de mis caminatas creo haber recordado el camino por el que llegué, comienza (creo) a la vuelta de la tienda del señor Alcabas, ya empaqué mis cosas y dejé la renta en un sobre debajo de la puerta del portero, te escribo esto ahora porque marzo termina mañana, y estoy seguro que mañana lloverá de nuevo, o tal vez esta tarde, si no me apuro, la lluvia no me dejara ir, la gente no me dejará ir, si no parto hoy con el sol sobre mí, abril se irá igual, como marzo, entre la lluvia.

Si vuelves a saber de mi, es que ya comencé abril en otro lugar más cerca de donde estás, yo deseo saber de tí esperando que abril no estorbe en tus zapatos.

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