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lunes, abril 16, 2007

D.F.

Me despierta el despertador, ninguna otra cosa, a las 7:30, me levanto con ánimos pero con una hueva del tamaño del miedo; enciendo el boiler y espero a que caliente el agua mientras, al ritmo de una buena rascada de nalgas, preparo café de cafetera (con la mano libre de tareas nalguísticas), entra el aroma de café por mis alterados orificios nasales y siento un poco más de vida.

Vida... que es eso? no se, será algo que he venido a reinventar en esta chingaderota de urbe?

El agua ya debe estar caliente y pierdo tiempo; aún no tengo el "timing" correcto del viaje en el microbús, la hora correcta para tomarlo y no llegar mucho antes ni mucho después de mi entrada a trabajar, supongo que son cosas que se aprenden y uno no se da cuenta, dejaré de pensar tanto en ello, mejor vivo menos preocupado.

Busco la ropa que usaré hoy, no me mata de tedio pero tengo que buscar ropa interior en una maleta, los jeans y camisetas en otra, no tengo armario clóset o nada parecido, espero el clóset portátil que me prometieron, ahorro 150 pesos; tengo que llevar ropa a la lavandería a la vuelta de la cuadra, espero salir a tiempo de la oficina para llevarla, si no, en dos días estaré reciclando calzones y es no good.

Navego con los ojos el techo, el departamento, la alfombra donde por ahora duermo en un tendido árabe, mi vaso de agua el cenicero al lado y recuerdos tirados por todos lados, invisibles es cierto pero que piso descalzo y se sienten como pequeñas espinitas, no duelen, pero no dejan caminar bien rumbo a mi baño matinal.

Ya no se si meterme a bañar, servirme café o dejar pasar más tiempo, voy a tiempo, no como otros que dicen "sin tiempo, para llegar siempre a tiempo", el tiempo no me importa, nomás me sirve o deja de servir, bendito sea.

El agua está casi hirviendo, no la del café, olvidé conectar la cefetera y noto con cara de idiota que hace 15 minutos no había escuchado el "fushhhhhhhhhhhhh" del agua vaporosa pasando por el filtro a la jarra; tomo la decisión de conectarla y tal vez alcanzar un sorbo de café. Me tengo que meter a bañar ya.

Me veo el rostro, son las ojeras de siempre, desde niño las tengo dice mi padre, dice mi madre que nunca me ha gustado dormir bien de noche, tienen razón, qué desperdicio no aprovecharla; me desnudo, veo mi cuerpo al espejo y me digo una y otra vez con voz suave: - Aléjate de las tortas de tamal y las quecas, sólo te harán más panza -

Después de reflexionar sobre la paradoja gastronómica y su inminente amenaza, abro los grifos (no los grifos de los amigos que dejé en mi ciudad ahora lejana sino las llaves del agua caliente), entro a la falsa lluvia, cierro los ojos y en mis pies siento la arena de la playa, los abro y es tierra que dejo el cabrón de mi roomate que entro con lodo y lavo los tenis; las fantasías mueren a menudo de las formas más simples.

Ya me cambié, ya salí, ya camino a la avenida, ya espero, ya pido al micro que se detenga, se detiene una chingada, miento una leve madre (lo hago levemente porque estoy enterado por múltiples y buenas fuentes que en esta ciudad su efecto es ínfimo), espero, este sí se detiene, en 15 minutos estoy en la estación del metro, a la vuelta está mi oficina, el paisaje es poco a poco más familiar, el café enfrente del edificio ya abrió, creo que desde las 8 de la mañana, lo atiende un señor en sus ochentas, pero prepara el café rápido y muy sabroso.

- ¿Qué se le ofrece joven?, muy buenos días! -
- Buenos días, un latte grande por favor -
- Ahorita mismo se lo preparo, oiga, ¿no olvidó usted ayer una cajetilla de cigarros recién abierta? -
- Sí, bueno, el amigo con quien venía los olvidó, no supo dónde, son unos blancos -
- Aquí tiene su café joven, y los cigarros de su amigo -
- Gracias, aquí tiene, ¿son dieciocho pesos del latte verdad? -
- Así es joven -
- Ok, gracias, que tenga muy buen día -

Salgo del Café, y miro al parque frente a mi, verde, árboles altos y respiro aire que todavía guarda la humedad de la madrugada.

- OIGA JOVEN! JOVEEEEN! -

Volteo la mirada y me llama el señor que me atendió.

- Olvidó usted su café y sus cigarros! -

Regreso a subsanar mi olvido recordando que olvidé mi sorbo de café en el departamento, y olvidé apagar el boiler.

Y sentado ahora en mi cubículo recuperando el sorbo perdido, siento miedo que olvidar se me vuelva una tarea sencilla.
-

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