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lunes, marzo 05, 2007

Tiempo en un llavero

Iba a escribir cómo el paso del tiempo y el desuso (o como chingados se escriba) acaban con las cosas, pero no tengo tiempo para usar mi mente en un tema tan trillado.

Por otro lado y pensando en cosas por demás interesantes, analizaba la bizarra relación que existe entre las llaves y los llaveros.

Cuando recibimos llaves nuevas, de la nueva oficina, del nuevo depa, o de el carro que acabamos de comprar, y las recibimos en una miserable argollita, es como estar desnudos, vemos a las pobres llaves gritar por un llavero que las salve de ese estado de terrible vulnerabilidad, indefensas, arriesgando su significativa vida metálica al olvido de su dueño.

Imagino como una llave, colgada del anaquel de la tlapalería, del cerrajero, sueña con realizarse como tal, al ser ensartada en una argolla dorada y un llavero, tal vez que dice "Las Vegas" o "Motel el Paso", las llaves sueñan mientras esperan pacientes a que su próximo dueño no las descuide.

Y no las descuidará, es increible el razonamiento que nos obliga a inmediatamente conseguir un llavero.

Y de la misma forma, sabemos lo que pasa con los llaveros sin llave.

Es curioso como jamás compramos llaveros a menos que sean para regalarlos, la supervivencia de la industria de los llaveros está fundamentada en la buena relación que tengamos con nuestros semejantes.

Si nos regalan un llavero y no tenemos llaves para ponerle, lo guardamos, o al menos eso creemos, hasta que lo perdemos, con suerte, por algunos años.

Ahora, necesito buscar algo que asegurar, algo que abrir, algo que encender, algo que activar, para necesitar llaves, para mi nuevo llavero.

Y no se con quien simpatizar más, con una humilde llave o un egocéntrico llavero.




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