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jueves, marzo 08, 2007

Baño diario

Personalmente no soporto mucho la idea y el hecho de no bañarme por un día o dos; cuando por cuestiones meramente circunstanciales de enfermedad o imposibilidad por cualquier otra cosa que no puedo ahorita dilusidar (o como chingados se escriba), en realidad no comienzo a generar olores apestosos ni agrios, sí yo se, conozco el famosísimo dicho popular que recita "El cuetero no huele la pólvora" pero créame por favor estimado público, cuando dejo de bañarme por dos días no alcanzo a apestar tanto, snif, lo que me pasa es que al día de no bañarme me siento cubierto de algo, una capa de no-se-qué que no me deja vivir tranquilo, psicológicamente comienzo sentir que soy un foco de infección, de olores, de texturas extrañas al tacto, una vez me bañe con bronquitis, otra con una madre tipo neumonía, me he bañado cuando el doctor me ha dicho, NO TE BAÑES NO MAMES TE HARÁ DAÑO... y sí, me ha hecho un chingo de daño, pero me tenía que bañar.

Por otro lado y haciendo un pequeño ejercicio mental para agitar un poco mis páramos mentales provocados por el trabajo mata neuronas que he venido haciendo, pienso en mis encuentros históricos con esos personajes siempre bien llamados "pocobaño".

En la Primaria la mayoría de los niños somos hidrofóbicos, claro, yo también odiaba bañarme cuando era niño, así tiene que ser, es el deber de todo niño repudiar el contacto con el agua que no sea de sabores, venga dentro de un globo o la que salga de una tubería rota a la orilla de un terreno baldío; mi mejor amigo, Miguel, también compartía esa filosofía, Raúl, otro mega compa igualito pero con raíces pocobañezcas más sólidas y toda una perfecta teoría de los por qués y beneficios de no bañarse, era tal su convicción y ejercicio teórico para con los demás compañeros que en el salón era ccomo un verdadero revolucionario.

Miguel vivía a dos cuadras de la escuela, Raúl vivía un poco más lejos, como a 15, y yo a seis cuadras, a la salida siempre nos ibamos a quedar un rato a casa de Miguel quien vivía en una casa dentro de una especia de vecindad, me encantaba pasar tiempo en su casa, con sus hermano y los demás niños de la cuadra, era una cuadra grandota de la cual, dos terceras partes eran terreno baldío que incluía (mind me) una casa grande y abandonada, el sueño de todo niño, snif.

Luego hablo de mi infancia.

El caso es que, Miguel y Raúl siempre jugaban competencias de ser los más... mmm... no bañados, sucios... lo que más recuerdo que hicieron fue escupir al cielo y llenarse la cara de sus escupitajos, la apuesta era, durar una semana sin lavarse la cara, duraron los dos, dos semanas.

"El baño diario es importantísimo, por eso en mi casa puse uno; para que esté allí todos los días"

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