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jueves, enero 18, 2007

Polaroid

A mi menos que mediana edad, tengo un mar de recuerdos; la mente no tiene límites dicen, pero hay recuerdos que, cuando aparecen un día, reviven como los sapos bajo la tierra cuando cae la primer lluvia del verano; los ahora vivos recuerdos hinchan el alma, y uno siente que explota, que no puede más, y llora, con tanto tiempo pasado que distinguir si es por felicidad o tristeza es complejo.

Y así vivimos, recordando sin querer, porque no escogemos los recuerdos, así como no escogemos los momentos que vendrán a grabar sus imágenes, aromas y sensaciones en nuestro cerebral cajón de tiliches, en el futuro.

En la vida creemos tenerlo todo bajo control, ese es nuestro primer error, el segundo es dejar que la vida haga todo, ahora lucho entre recuerdos y realidad, entre confiar en lo que la vida tiene que ofrecerme en el corto plazo y en lo que históricamente me ha dado, cuando la he dejado ser a sus anchas.

No se qué sucederá obviamente, y cualquier cosa que haga unos me dirán que estaba escrito, otros me aconsejarán que es producto de mi libertad de decisión y que son sólo circunstancias las que me ayudan o bloquean eventos. Yo callado, mejor vivo.

Y por mientras lo que sea pasa, y la ciruela pasa, yo recuerdo sin saberlo.

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