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miércoles, enero 31, 2007

Fue en un café

Vengo sentándome y abriendo la computadora con mi latte (con el latte yo, no la computadora), y la chica que atiende tiene una gran cara de enigma por culpa de mi cara, ¿qué tiene que ver mi cara?, pues que llegué a la barra donde se ordenan los cafés y demás manufacturas de deliciosa composición la mayoría muy dulces y se acercó la chica, volteo a verla, abro los ojos grandes (sí, difícil) y casi escupo una carcajada que tuve que reprimir con vigor, apenas se pudo apreciar pero esta morra lo notó, sin embargo la transacción comercial prosiguió sin contratiempos.

Lo que vi en la morra, medio fea por cierto, es una mancha en el cachete izquierdo digno de un minero después de un derrumbe, sin embargo la actitud de la morra era truculenta, surgieron las únicas dos teorías razonables:

1.- Era un lunar de los más imprudentes que había visto en mi vida y debía sentirme agraciado por llegar a conocer semejente manchón natural.

2.- Se había manchado con alguna pendejada (e.g. café molido) y no se había dado cuenta, a huevo.

Pero el pero que viene es un pero sensato (o como chingados se escriba); la mancha voraz no parecía manchón, mucho menos lunar, sino algo que no me podía dar certidumbre como para notificar a la desdichada mujer sobre esa presencia extraña.

No me quedó otra que callar boca estoicamente, y esperar por mi café.

Aquí, desde mi trinchera (entiéndase mesa rinconera), con mi bebida, veo como atiende a otros clientes que llegan, que la ven, que no saben qué decirle, igual que yo.

(Aquí es donde este post se torna REAL TIME)

Espero...aguardo con atenta peciencia.

Ahora, al tiempo que escribo líneas, no hay clientes en la barra, camina hacia el baño, a un lado antes de entrar hay unas repisas donde tienen servilletas y demás chingaderas, da la vuelta y echa un vistazo muy rápido para verse al espejo colocado en la puerta del baño, voltea a la repisa, toma un paquete de vasos, ya regresa, se detiene, parece que vió algo que no estaba correcto en la frugal imagen que alcanzó a ver de ella, se devuelve, se mira con atención, pone cara de "no creer", voltea a vernos a todos en las mesas, no con pena, no con coraje, pero con algun otro sentimiento indescriptible... talla con el índice a través del grande y obsceno manchón, queda raya del color de su cachete, abre la puerta del baño y entra, la pierdo de vista.

Espero.

Ya salió del baño, regresa a la barra oportunamente a atender a un cliente recién llegado.

Y noto que siempre sí, es bonita.

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