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jueves, diciembre 14, 2006

You can't handle the truth

Hombres y mujeres tenemos diferencias, no pretendo con esta afirmación ganar un premio, dios no, sabemos las diferencias obvias, desde pene y vagina, tetas y pelos, hasta modus operandis en términos generales.

Sin embargo, ultimamente he estado viendo un aspecto al que no le había puesto atención, como a muchas otras cosas que las mujeres hacen para hincharnos las pelotas: La percepción discrecional entre verdad y mentira.

Para la menos complicada y no necesariamente correcta ilustración de lo anterior, procedo, como siempre, sin cautela ni miedo a decir una pendejada, a repasar casos prácticos:

Los hombres podemos andar de pitos contentos con la vieja que sea, a veces feas, a veces con el cuerpo medio descuadrado, en fin, cuando hacemos cabronadas las hacemos y ya, sin compromiso, pero cuando nos comprometemos, y nos hacemos novios de una morra, no es de oquis, es porque la queremos bien, y sobre todo, nos gusta su culo, su cuerpo en general y su rostro, así de sencillo.

Independientemente que algunos sean unos hijos de la chingada (yo jamás), en términos generales ocurre que la mujer tiene serios problesa para tratar con la verdad cuando viene de un hombre.

Escenario #1.

Quedé de verme en una fiesta con mi novia, nos pusimos de acuerdo en el messenger mientras ambos estábamos en nuestras respectivas oficinas, nos veremos dentro de la fiesta de fulanita, ambos estamos de acuerdo y ese es el trato, ella llega más temprano porque tiene cosas que hacer, yo la alcanzo porque salgo tarde y tengo que ir a casa a bañarme y cambiarme de ropa.

A eso de las cuatro de la tarde después de la comida comienzo a sentirme medio mal y para las seis ya es oficial que los molletes con chorizo eran poquito menos "ponzoñosos" que haberme tragado un par de granadas de mano, aún así insisto en mi mente en que para la noche estaré aliviando y salgo a la farmacia por alguna pastilla y camino a casa me detengo en la central de abastos por una caja de guayabas para ver si se me corta la diarrea, estoy perdiendo tanta agua que llegando a mi casa no hay ni en el tinaco, estoy convencido que declinar mi asistencia a fiesta con mi novia acarreará alguna discusión, lo medito, corro al baño, salgo meditando, regreso al baño gritando con ardor allí donde el cuero se hace nudo.

Decido llamarle inevitablemente para decirle lo que me pasa, le digo la verdad, que si me subo al carro literalmente la voy a cagar; ella sólo hace un "jmmmmmm" y me cuelga.

Yo le dije la total verdad, sin embargo en su torcidita mente, no puede concebir una verdad, mucho menos así de simple, ella razona: "es todo demasiado sencillo, un pretexto demasiado real, muy fácil, algo huele mal (que huela lo que me está saliendo del cuerpo já)", inmediatamente piensa en mis amigos que llegaron con chupe y que vamos a ir a otro lugar con algunas pinches viejas de alma alegre. Concluye: "es un hijo de la chingada"

En lugar de pensar en que realmente me está llevando la chingada y ofrecer ayuda, prefiere, escoge, molestarse, aparentemente eso sirve para justificar su naturaleza emputante. Gracias.

Escenario #2:

Quedé de verme en una fiesta con mi novia, nos pusimos de acuerdo en el messenger mientras ambos estábamos en nuestras respectivas oficinas, nos veremos dentro de la fiesta de fulanita, ambos estamos de acuerdo y ese es el trato, ella llega más temprano porque tiene cosas que hacer, yo la alcanzo porque salgo tarde y tengo que ir a casa a bañarme y cambiarme de ropa.

A eso de las cuatro de la tarde después de la comida comienzo a sentirme muy bien, sin duda esos molletes con chorizo me cayeron de poca madre, siento que comí un bife de 400 gramos con un fino vino que me trajo el mesero que vino, me siento tan a toda madre que a la primera llamada de un amigo con intenciones de sonsacarme lo logra, he decidido mandar a a beis a mi novia e irme de pedo con mis compas que hace un chingo que no veo (12 horas), uno de ellos cumple años (en un mes) y hay ánimos de festejar en un buen Table; ahora sólo tengo pocas horas para salir con un buen pretexto para evadir el compromiso adquirido con mi novia.

Tuve tanto trabajo que olvidé inventar qué chingados me pasó para no ir a la fiesta, son las 8 de la noche y mi novia me gana la tirada llamándome por teléfono, es ahora o nunca, me agarra frío y la única pendejada que se me ocurre es decirle que no podré ir a la fiesta porque resulta que el portero del edificio se amotinó con una escopeta solicitando aumento de sueldo y está de un humor que al que sale del elevador lo mata, que seguramente me quedaré a dormir en la oficina esperando a que terminen las negociaciones entre él y el administrador, que ni venga a buscarme, qué no quiero que salga lastimada.

Es tan absurdo lo que dije, que su reflexión es: "mmm, si quisiera engañarme no saldría con algo tan estúpido seguramente es verdad, ay pobrecito mi cosito, ojalá que no le pase nada, cuanta gente loca en este mundo, snif", y se pasa la fiesta entera jusificando mi ausencia sin que nadie le pregunte, soy un héroe.

Y si estás pensando que entonces a clave es salir siempre con excusas absurdas en lugar de decir la verdad es lo que te salvará, estás equivocado, existe esta ley: Si inventas una excusa para disfrazar una verdad que, de revelarla no te afecta, ésta automáticamente queda inócua, quedando donde comenzaste, en el escenario #1.


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