Get your own blogNext blog
Image hosted by Photobucket.com

miércoles, septiembre 06, 2006

Lonchera de minero


Hoy iba en mi carro, sí, por la calle, iba en mi Hummer Region 4, en realidad es un Ford Bronco noventera de 8 cilindros y sepacuantas válvulas que gasta más gasolina que una temporada completa de la Indy 500, bueno, iba en el carro cuando al dar la vuelta un imbécil casi choca conmigo, después de restregarle la familia como lodo con zacate me di cuenta que él iba manejando el que fue mi primer carro, el mismo, pensé que ya no existía.

Mi primer carro era un Toyota Corolla 1983, azul marino, automático, muy cómodo y la verdad un carro que, de no ser por razones obvias lo hubiera confundido con un perro, por noble.

Mi padre manejo desde Tijuana en él, para regalármelo cuando entré a la Universidad, tal vez no necesariamente por cariño, cuando me lo dió me dijo que ya no tendría pretexto para llegar tarde, le falló bastante.

Me dijo también que si no sacaba una licencia de manejo antes de que se regresara a Tijuana no me dejaría el carro, así que al día siguiente fui y saqué la licencia, me dió el carro, se fue a Tijuana, a los dos días la perdí, también le falló.

El carro tenía sólo un detalle, pero muy importante, se calentaba al mínimo descuido, decuido de quien fuera, no sólo el mío, sufrió en cuatro años innumerables transplantes de radiador, mangueras, bipasses y rectificadas de cabeza, nunca nadie supo que era, la comunidad de mecánicos de la localidad decidió que estaba embrujado.

Creo que la única vez que tuvo contacto con lubricante fue una vez que me di un agarron con mi chica en turno dentro de él, bueno, no explicaré más, sin embargo se mantuvo funcionando, el carro no la relación con esa chica.

Después tuve una novia que vivía en una residencia muy bonita, pero en un cerro con un camino qúe sólo se podía comparar con una cartera de huevos gigante (sin huevos), al año siguiente hicieron la calle más ancha porque ya no cabían los hoyos; durante esa relación que, afortunádamente duró unos tres meses, fue que acabé con la suspensión de ese pobre Corolla, los mejores amortiguadores que tenía eran unos tenis viejos en la cajuela.

No tenía nada de dinero, sobrevivía con muy poco dinero a la quincena que amablemente me proporcionaban mi madre y mi padre cada quien por su lado, me alcanzaba para retacarme de café en la Universidad, galletas expiradas en el centro y echarle gasolina apenas suficiente para que el tanque conservara el "Buqué".

Con el tiempo sufrío varios golpes, terminó con el sobrenombre de "Lonchera de Minero", nunca tuve para arreglárselos, nunca tuve dinero para llantas nuevas así que siempre le compraba "gallitos" (llantas usadas) tan lisas como la Mona por lo que se ponchaban cada semana, a veces las cuatro llantas en quince días, era tan habitual el tan odiado evento que el gato y la cruceta estaban ya en el asiento trasero, llegué a ser muy rápido para cambiar llantas.

Un día decidí venderlo, mi madre me dijo que tenía un posible cliente, yo andaba con un amigo en su coche, le dije por teléfono que quería venderlo, colgamos, cuando llegué a casa media hora despúes el carro ya no era mío.

Y no lo había vuelto a ver, hasta esta mañana, el cuate que casi me choca, se disculpó conmigo.

- Lo siento joven venía muy distraído, es que este pinche carro se viene calentando!-

This page is powered by Blogger. Isn't yours?