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lunes, junio 12, 2006

Status Quieto


Yo no soy bueno con los niños.
En términos generales los niños me cagan la madre, rara vez los soporto, es mi naturaleza antipática supongo.

Pero no los trato mal, no los madreo, ni les grito, el hecho de que me molesten no les hace merecedores de agresión alguna de ni parte, cuando están algún niño cerca me limito a no llamar su atención hacía mi, y sí llegase a acercarse a mi, lo trato como gente grande, pero con lenguaje sutil, no le cuento de fantasías ni le hago fiesta, ni respondo con idioteces como los demás adultos para mantenerlos entretenidos.

Si viene en berrinche le digo que no logrará nada, si quiere algo que no existe o imposible, le digo que está loco, si quiere llamar la atención chillando lo dejo que chille, si me pregunta algo que se que le interesa no le contesto emulando su disque lenguaje de niños, le respondo con claridad y con lenguaje humano y trato de hacerlo simplemente interesante al preguntarle cosas al mismo tiempo, cuando me enfado le digo - ya, ya me enfadé, anda a jugar a otro lado déjame tomarme mi cerveza-

Y así siempre me he comportado, con resultados desastrozos, los niños me siguen más a mi que a sus demás "tíos postizos" (tengo mil amigas que son madres solteras, supongo que se puso de moda o algo, los hombres no entendemos eso del fashion y lo que es trendy) y tratan de preguntarme cosas, de pedirme ayuda para nadar, para inflar un balón o cuando encuentran un bicho raro a la orilla de la playa.

Yo de niño sabía cuando uno adulto me daba el avión o me hablaba porque quería hacerlo, por eso con pocos adultos me tomé la libertad de solicitar su atención además de mi padre, madre y abuelos.

Por eso cuando mis otros amigos dejan de ponerle atención a sus sobrinos postizos, estos chillan y patalean, porque toman la tarea del adulto como un trabajo que hay que hacer, cuando yo les digo que ya estuvo, que se vayan a otro lado, parece que ven que el minuto o los 20 minutos que les dediqué fueron sinceros y de calidad, que eso es sincero.

Al paso del tiempo, todos esos sobrinos postizos que tengo, me quieren, le dicen a sus mamás que quieren mucho al Tio Semi que aunque sea enojón con ellos les gusta mucho que les hable y enseñe cosas, que cuándo me van a volver a ver.

Supongo que cuando se es niño se percibe más claramente el efecto de otro humano siendo honesto contigo y que, a pesar de que como niño su única tarea sea "estar chingando" siempre existe, desde el momento de nacer, una natural hambre por realmente saber qué está pasando a tu alrededor.

Supongo que nuevamente siento ganas de tener un hijo, ha de ser este pinche lunes sin partidos en TV abierta.

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