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domingo, junio 25, 2006

Ineludible...mente


Hoy desperté a las ocho de la mañana, con absurda energía producto de haber venido a la cama cuasi temprano y haber dormido un par de horas más de lo usual, hice como casi siempre caso omiso a mi erección matutina y encendí la televisión para surfear el cable mientras aún la inmovilidad del letargo nocturno no me dejaba bajar a la cocina a prepararme un café instantáneo.

Y no pensaba.

Había partido de fútbol en la mañana, antes del de México, tuve que pararme, bajar por mi café instantáneo, rascarme las nalgas, la nuca y seguir ignorando mi erección matutina para poder después regresar al cuarto para buscar el partido online, lo encontré, tomé café, fumé unos cigarrillos y escuché la tele a mi lado también.

Y no pensé.

Recibí mensajes mas tarde por el celular, me llamaron para ponernos de acuerdo, había que estar juntos para ver el partido de México vs Argentina, por fin decido incorporarme, tomar un baño, vestirme y salir al calor de la calle ante el brillante sol quemando hasta las ideas de los dementes.

No pensaba.

Perdió México sin embargo quedé ronco por gritar tanto cuando metió el primer gol, me dolieron las manos de tanto golpear la silla cuando metió el primer gol, me dolió algo más cuando supe que estaban perdidos, comí pizza que no debía comer y menté tantas madres que seguramente si fuera católico el infierno sería apenas un coscorrón como castigo.

No fue el momento para pensar.

Regresé a casa, sudado, contrariado por una descalificación de un juego que no jugué, lleno de pizza que no pagué, medio ebrio de cerveza que no compré y horneado con mota que no fumé, sólo me acosté en mi cama en mi cuarto caliente, para dejar que el calor abrasante me tumbara la cabeza e irme lejos.

Para no pensar.

Despierto necesitando café, mucho café, medio litro o casi el litro de café he de necesitar y corro al café en la calle que todos conocen para darme mi fix de cafeína, soy un coffee junkie, lo admito y no me enorgullece, pero siempre la cafeína con "Polaris" a todo volumen me saca de la ciudad, del país, nunca he sabido dónde paro.

Lo que importa es que no pienso.

Vuelvo a recibir mensajes mientras apuro un trago de "americano" sentado en la silla de hierro forjado rodeado de desconocidos haciendo fila para ordenar café, ahora el lugar de reunión es un bar, y tal vez otro después de ese, y así la noche podrá acabarse en cachitos.

En cachos, para no pensar en cosas completas.

Finiquito mis cafés, fue más de medio litro y apenas sentí el "boost" de la cafeína, necesito un concentrado en hipodérmica; llego al bar y el DJ pide diez pesos para entrar, es justo, pago y entro, mis amigos están a la vista, compro una cerveza y muevo la cabeza al ritmo de alguna rola estilo Infected Mushroom, mi brazalete fosforecente me gusta, tan efímero.

Efímero, para olvidar rápido, y no pensarlo más tarde.

Es hora de irme, es hora de decir "ahi te veo mañana", "chau linda" y toneladas de "gusto en verte" (esta ciudad es pequeña), camino sólo al coche, enciendo un cigarro y unos conocidos me saludan de lejos, no los recuerdo pero estaban en el bar, devuelvo el saludo y sigo a la esquina, no pienso en ellos.

Ni pienso en nada más.

Llego a casa, preparo la cama, voy por agua a la cocina, enciendo la televisión y me acuesto, olvido encender el ventilador, y justo cuando me levanto para encenderlo, recuerdo cuando me decías que no lo encendiera, recordándome que el ventilador siempre te congestiona la nariz.

Y pensé en tí.

Ineludiblemente.

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