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miércoles, marzo 22, 2006

1974

Allá en el año 1974 pasaron cosas interesantes:

A una señora que iba como todos los días a hacer el mandado le salió mala una de las bolsas donde llevaba una docena de aguacates de los chonchos, al salir a la banqueta la bolsa se rompio y cayó un aguacate que rodó por la pendiente hasta provocar que, media cuadra abajo, un taxista que se bajaba de su carro lo pisara y cayera golpeándose con la nuca en la guarnición, el pasajero lo subió al taxi y manejó el mismo a la cruz roja, el aguacate semiaplastado aún apetecible fue recogido por un señor de la calle quien agradeció a Dios por tan rico manjar enviado de...el suelo.

La señora que tenía pensado hacer un guacamole delicioso se enteró, cuando llegó que había regado seis aguacates en el camino y no se había dado cuenta, esperó siquiera, como buena católica, haber hecho feliz a alguien con esos seis deliciosos aguacates.

Aguacate significa testículos en nahuatl, y testículos fueron los que no tuvo el taxista cuando la enfermera le tuvo que suturar la cabeza con quince puntadas, se desmayó dos veces, todo por un aguacate que ahora estaba en el estómago de un señor que agradecía al señor por la comilona mientras leía el periódico que anunciaba en encabezados que venía un puente laboral y que Baja California Sur se convertía en una Entidad Federativa, él no sabía lo que eso significaba, sólo pensaba en el gran aguacate.

Cuando salió el taxista de la enfermería de la cruz roja, el pasajero aún lo esperaba, él no tenía mucha prisa y estaba más que curioso en saber qué había pasado, al preguntarle al ensangrentado chofer, él responde que sólo recuerda pisar algo grande, redondo y negro, luego sólo vió las nubes y unos pajaritos dando vueltas a su cabeza, el pasajero responde que ha de estar viendo demasiadas caricaturas de Tom y Jerry, pero que la descripción y el retrato hablado que realizó en una libretita que traí en la bolsa de la camisa indicaban que había sido todo causado por un humilde aguacate.

La señora preparaba la comida, era carne asada y para eso era el guacamole porque esperaba a su hijo que venía por primera vez del extranjero desde que se habia ido ya 15 años, iban a estar los primos y otros parientes, estaba impaciente porque su hijo no llamaba, era un desgraciado.

Al cabo de media hora, el taxista ya recuperado del espanto, se estaciona frente a la casa del pasajero, le dice que no le cobra nada, que llevarlo casi inconciente (o como chingados se escriba) a la enfermería, el pasajero le dice que era su deber hacerlo y que aunque sonara cruel, el incidente le habia traido memorias de cuando niño se había roto la maceta contra una una banca de cemento, en el kinder los demás niños se habían reido de él por el gorro de malla que tuvo que usar por dos semanas, le invitó a pasar por un refresco y comer algo si gustaba, que le agradecería aceptara.

Cuando entró acompañado por el taxista herido (pero sano), su madre le preguntó dónde había estado, que era apenas tiempo para la comida, le cuenta el suceso jocósamente, platicándole que el taxista que allí mismo le presentó, pasó por un episodio penoso todo por culpa de un aguacate que al de forma inexplicable piso al bajarse del taxi.

La mamá ya curada del coraje, con cara condescendiente, simpática y a punto de soltar una carcajada de esas que las mamás soltaban antes y ya no, sólo dice que hubiera sido bueno que hubieran visto si el aguacate quedó aún bueno, pues ella había sufrido el lamentable extravió de una considerable cantidad de ellos y que esperaba que el guacamnole sí pintara de verde los tacos que ya casi estaban listos.

Y ese año también, en una historia distinta, con personajes totalmente desconocidos a éstos, nací yo, un 22 de marzo.

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