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lunes, diciembre 12, 2005

Loones

Ayer viví un Domingo muy aburrido, todos los domingos tienen algo que no cuadra, un sentimiento indefinible que huele a pan rancio aunque uno se empecine en saturarlo de actividad y distracciones.

Cuestiónome sobre la posibilidad de solicitar a alguna autoridad competente en Días Festivos y Actividades Anti-Sopor el cambio, pero no estoy seguro si el cambio a dos sábados lo lograría, creo que el segundo sábado caería pronto (estudios dicen que todo sucedería apenas a la primer semana del cambio) haciéndonos la existencia gris.

Ya no son los nombres de los días, ni las actividades vaciadas en los domingos, no tienen la culpa las plazas frente a las catedrales, ni los vendedores de vasitos de esquite, ni los tianguis mucho menos las nieves de guanábana.

El problema fue en el comienzo.

Cualquiera recuerda cuando de niño andando en el triciclo, la patineta , en patines o el avalancha, hipnóticamente oíamos el trac-trac trac-trac de las llantas al pasar por cada ranura de la banqueta.

Así como esas ranuras en la banqueta, así están esas depresiones en el tiempo, los domingos, como nudos en una soga, nos recuerdan que de descansar se puede cansar uno y que la soledad viene de adentro.

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