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miércoles, diciembre 07, 2005

Alarma


Tengo problemas personales con las alarmas de cualquier clase. Cuando quemé el comedor de mis abuelos por jugar con fuego y cartones la alarma del humo llegó tarde.

Lo gracioso de las alarmas contra incendios, contra robos de casas habitación o comercios, y todas en general es que no importa mucho a qué hora suenen ni cuanto, pocos humanos son lo suficientemente poco huevones como para no pensar que seguramente es "falsa esa alarma".

Las alarmas tienen la gracia de sonar cuando el problema ya lo tienes encima, ya asaltaron el banco, las bombarderos ya están arriba de nosotros, el terremoto ya pasó, el incendio ya asó al gato, y hasta está documentado que la probabilidad que el grito de "AGUAS PENDEJO!" llegue a tiempo es inversamente proporcional a lo grave del daño que trate de evitar.

Yo no confío, una alarma nunca es buena ni suficiente, me duele mucho despertarme con ella para darme cuenta que es hora de levantarme para ir a trabajar, es mejor cuando te despiertas y sabes que aun falta mucho tiempo para que realmente tengas que levantarte.

Por eso uso dos alarmas, una que me despierta a las 6:40 a.m., una hora veinte minutos antes de mi hora de entrar a trabajar, siento muy bonito ver en reloj con la confianza que puedes regresar a dormir.

La segunda alarma suena a las 8:00 a.m., cuando ya es demasiado tarde para apurarme a llegar al trabajo...

...todo tranquilo y sin alarmarse.

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