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viernes, noviembre 18, 2005

Afraiday

El Banamex al que voy tiene la puerta al revés, tienes que jalarla para entrar y empujarla para salir.

El bato del aseo, el que antes se escondía en el baño, ya no trabaja aquí a partir de hoy, el café ya no sabe igual, sabe más malo, no hay crema y no sabemos cuál será el destino de esta oficina.

A la sombra ya da un poco de frío y el viento ayuda mucho a comenzar a sentir ese ambiente invernal que tanto me gusta, pudiera decir "ambiente navideño" pero ese festejo personalmente me fastidia.

Soy un huevón, cuando salgo de la oficina no lavo mi taza, la dejo sobre el escritorio con el café que no me tomé, al día siguiente se hace obligado una visita al lavabo para quitarle las manchas de café y el cagadero que se asienta; un compañero de trabajo ha optado por comprar un paquete de vasos térmicos y cada uno se vuelve su "Taza por un día", al final de su jornada, lo tira a su cesto de la basura. Me ha puesto a pensar. El vaso térmico despreciable incluso da una imagen como más dinámica a la persona, parece que anda tan de prisa aquí y allà que su café se lo dieron en otra oficina o algo así. Me hace pensar.

Deespués de dos intentos fallidos de ir a ver el Exorcismo de Emily Rose (estaban agotadas las entradas) anoche fuimos Semidiosa y yo a verla. Es una película buena, nomás, a mi juicio bastante overrated.

Ya dan las cuatro de la tarde, increiblemente no tengo ganas siquiera de levantarme e irme a casa, si llegara mi jefe a decirme que me tengo que quedar un par de horas más así nomás de huevos, me cae que lo aceptaría sin chistar. Me perturba a veces pensar de esta manera.

¿Si un mimo cae en medio de su presentación y nadie lo escucha, en realidad cayó?

Mejor sí me voy.

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