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jueves, septiembre 29, 2005

Puntualmente tarde

Me da mucha gracia la gente que corre a lo wey, excluyo claro a la que hace deporte y esas cosas.

Cuando vengo tarde a la oficina, en realidad no me vine manejando como vieja enajenada, ni me estaciono en el primer espacio aunque quede el carro salido, ni corro las dos cuadras a la puerta de la oficina, ni cuando entro suelto al aire frases como - uuuf no encontraba las llaves, no me gusta llegar tarde! - y poniendo una cara de pena vergüenza y mortificación.

¿Para qué corre los últimos 200 metros a la oficina?

Imagino que se puede, pero las estadísticas son cabronas, por algo existen y de cada 10 cabrones y cabronas que llegan corriendo a la oficina hasta el cogote de tarde, sólo uno tiene una legítima razón para llegar corriendo cuando para los otros nueve correr es totalmente irrelevante, una POINTLESS FARAMALLA

Yo, sí me despierto al 10 para las 8:00 que es la hora que entrada, sé que no llego a tiempo, entonces cómodamente me acomodo las pelotas, me rasco una nalga (a veces la izquierda, a veces la derecha, raramente las dos la misma mañana), tomo un trago de agua, bajo por un café, me baño y me cambio, sin gran prisa, no es que me valga madres llegar tarde, sino que ya no hay nada qué hacer, mientras no llegue al mediodía no habrá diferencia si corro o no, y mucho menos si corro sólo los últimos 200 metros a la oficina.

La cosa no terminaría realmente en un asunto de llegar puntual o tarde a la oficina; se plantea algo más profundo (si se desea) y a pesar de eso, más claro que el agua de la llave, el hombre tiene la tonta naturaleza de reaccionar cuando la cosa está perdida.

Nos gusta al parecer llorar lo irrecuperable, no nos preocupamos por conservar algo en buen estado para no perderlo para siempre después, no te preocupas por tu trabajo hasta que tienes medio zapato dentro del culo.

Y es que hay un dicho muy dicho pero que ya no se que tan bien dicho esté:

"¿Para qué tanto brinco estando el piso plano?"

Este dicho plantea que no le busques arreglo a algo que no está descompuesto. Es decir, quédate quieto, hazte el anestesiado y espera a que esta madre se chingue, luego te preocupas y lo arreglas.

Por diós!

¿Alguien ha pensado que es posible que los brincos que tanto reclama el dicho sean precisamente para CONSERVAR el piso plano?

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