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jueves, septiembre 08, 2005

Por otro lado...

En el escritorio inmediatamente frente de me, se sientan Don Demetrio (así se llama, aunque mida eso mismo) y Angélica, una chica que tienen unos chinos hasta la cintura y curiosamente mas anchos que sus propia pantorrillas, la cosa es que Don Demetrio tiene un historial de rompimientos tan dolorosos que uno desearía quitarse la vida.

Don Deme y Angélica siempre tienen que estar sentados uno junto al otro pegaditos, por falta de espacio en la oficina tuvieron que sambutirlos aqué en el privado, en un espacio donde para levantarse uno tiene que salirse el otro, y si a ese evento se le junta alguien que venga entrando empujando la puerta se provocca automáticamente un sketch de Abbot y Costello pero a color.


Cuando este compa recién se enteró que tendría una secretaría (ayudante en realidad) no le gustó la idea, y a ella no le latía mucho la onda de tener que estar sentada con este wey a 0 centímetros de distancia, sin embargo no tardaron en echarse mutuamente piropos y esas cosas en voz alta, bueno, fue así como nos enteramos, no son espectáculo ni nada, de hecho no nos interesa el desenvolvimiento de la relación, sin embargo es notable apreciar cómo algo totalmente indeseado por ambas personas resultó en una relación que ahora agradecen.

Uta, me pone a pensar cuantas veces en mi pinche vida le dije a mis padres que no quería ésto o aquello y que como era niño me obligaban a hacerlo, fuera comer algo raro en un restaurante (en aquellas épocas raro era todo lo que no fueran frituras, golosinas y refrescos), ponerme ropa ridícula casí de marinero, o ir a piñatas de niños que en mi puta (y cortísima) vida había visto...

Lo de mis padres ha sido sólo un ejemplo, pues estos ejemplos se siguen dando todo el tiempo.

Las decisiones que uno toma son de las que se reclama el respeto con más ahínco, sin embargo el número de cosas satisfactorias en mi vida también ha dependido de ha estado chingue y chingue para que haga ésto o lo otro.

Uno en muchos sentidos, no es autosuficiente, y no puedo siquiera concebir el gusto tan grande que da saberlo.

Ejemplos simples:

Aguacates: Gracias la necia de mi prima Marissa que me dió guacamole chunky en un taco.

Tomate: A mi madre quien despues de emputarse por algo que hice a los 7 años y no recuerdo (o no quiero recordar) me tiró su sandwich de tomate dándome reecio en la nuca de tal suerte que un trozo me entró a la boca y me gustó después de rechazar su ingesta toda mi vida.

Fumar: Bah, yo no quería fumar, fui débil, pinche publicidad! jajajaja ~ dejenme me hago pendejo~

Cerveza: A mi madre, quien me mostró las bondades alimenticias de la deliciosa bebida ambarina de incomparable sabor y textura, era buena para mi inexistente apetito infantil.

Cerveza (mucha): A mi padre, quien me enseñó que tomar mucha cerveza no tiene que llevarte al camino de la perdición siempre y cuando le tengas respeto, por eso me agacho antes de abrirla y le digo un solemne "con su permiso deje me la chingo antes de que se caliente".

Así cientos pueden ser los ejemplos, noto con gran alegría lo valiosos que son los factores externos, las circunstancias inesperadas e ineludibles que aparentemente nos descuadran la vida, y por otro lado la hacen mas rica.


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