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martes, noviembre 16, 2004

La gastritis y su tratamiento


Desde que por reto de Maese Armando sobre la insensatez de la Torta de Tamal, me dediqué a la investigación científica y alimenticia, me di cuenta de mis dotes para la creación de nuevos tratamientos para problemas que involucren nuestro sistema digestivo.

Así es, Semidiós, ahora después de pasar por tantos escaparates de fama, fortuna, drogas sexo, rock and roll, cuatro bolsitas de triki trakes y un red bull... incurre en el competidísimo mercado de la buena alimentación y de la cura de los problemas gastro intestinales. SNIF.

NO crean que es sólo una búsqueda del beneficio ajeno y fin social lo que estoy haciendo ahora con ésto, nel, no se alebresten mis queridos humanitos balines, lo que hago es buscar también una cura para mi gastritis que, así nomas imaginando el desmadre que trae en mi estómago ya lo tiene poquito menos agujerado que el culo de Bob Esponja.
He observado en la gran comunidad de gente con problemas de tragazón, es decir que come para la chingada de mal, es decir que se tragan una pinche piedra con que esté calientita en una tortilla, que los remedios caseros han dejado de surtir efecto, las Ranitidinas nos la pelan, en fin hasta los "yogures" valen queso (valga la expresión, ajem).

Estando tan harto de este pedo, he rediseñado los tratamientos contra los padeceres gastrointestinales, en el que asombrosamente no se erradican las bacterias malévolas, villanas y culeras, sino que aprovechando su notable conchudez a quedarse a chingar dentro de nuestro estómago, les provocamos estimulos que resultan por el contrario super benéficos para el organismo que les ofrece casa y comida.

El asunto no es fácil, se reconoce que los Lactobacilos son microbios o bacterias o microchingaderas que hacen cosas buenas a la flora intestinal, es decir, paran el chorro y la sensación de que te tragaste una granada de mano; sin embargo los lactobacilos nomás no la arman cuando tu estómago ya está muy dañado. El problemas es el lactobacilo siendo muy pequeño y sin fuerza.

Mi estrategía gástrica es:

Sin intentar (puesto que es inútil) remover ni aniquilar las baterias ojetes, consiste en tomarte un galón de leche en ayunas, de la marca que gustes pero que sea leche entera, y despúes de cinco minutos en los que las bacterias han sido sorprendidas por un torrente de lactosa, comes cuatro rollitos de serpentinas, todas las espantasuegras que puedas comer (se vale bajartelas con un poco de champurrado), un gorrito (todas las bacterias caben en uno solo), dos velitas de pastel (sí, por la boca no sea joto), cómase una foto de una teibolera muy buena, y casi por último tomar dos vasos del destilado de su predilección, el whiskey jala muy bien.

Hasta alli acaba el tratamiento interno, el tratamiento externo e inmediatamente después del otro es tomar un altavoz y reproducir canciones para fiestas nacas tales como "Mami que será lo que tiene el negro", "yo no soy la abusadora", "Tiburón tiburón", "La bota", "la caderona" y "la golosa".

El efecto es sorprendente, con el galón de leche que te fajaste, los artículos de party, el licorcito que nunca cae mal, las bacterias sacadas de onda y poniendose en modo pal cotorreo, más la musica naca, se arma un LACTO-BACILÓN! que por su naturaleza en ese mismo instante acaba, aniquila a cuanta chingadera se encuentra dentro de tu estómago, volviendo todo a la normalidad en un tronar de dedos.

No me lo agradezcan, solo háganlo y salvense del sufrimiento, snif.

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