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jueves, octubre 14, 2004

Opinión balín.


Me gustan muchos los debates, me gusta ver cómo los "debatientes" caen en sus propias trampas verbales, como se "chicanean" solos ante la mejor destreza mental (entiendase el menos pendejo) de su contrincante.

Los debates de Bush y Kerry me los he perdido, no me duele, son documentos históricos que, como Friends, no tardan en salir en DVD con todo y behind the scenes and after party.

Desde morrito me ha gustado agarrarme a chingazos verbales (de los otros chingazos no, pero no los pude evitar) y tal vez por vocación opté por estudiar esta carrera (no se necesita ciertamente para alegar agusto)nomás para debatir y refutar chingaderas profesionalmente.

Y no hay nada mas estimulante para el cerebro que un buen debate, una suculenta controversia en la que uno se meta a imponer sus razonamientos, sin embargo cuando éstos se dan entre una persona de normal y un insensato las cosas pueden rayar en la pena ajena y el aburrimiento.

En la política actual, el debate es un instrumento de publicidad de primera, el non plus ultra de la evidencia pública de que los políticos valen pura mierda, de que el pueblo, para la mayoría de las mentes detrás de las maquinas políticas que gobiernan el mundo, es un instrumento de poder, peldaños de carne y huesos.

Me pueden acusar de no participar en la política de mi país, de ser un cabrón más que dejan inconcientemente las cosas en manos de los demás y que luego se quejan, sí, es probable, ya hay mucha gente encargada de la política y de tanta mamada, y no veo a nadie de ellos preocupados por mi, de mi sólo me ocupo yo y eso es apremiante.

Por eso pienso que el bien común comienza, cuando sanamente, cada individuo lo procura para sí y para sus seres queridos, puede que de esa forma, los pequeños círculos de bienestar conformen un pueblo más estable y se refleje eventualmente en una "raza" política con sentido social.

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